sábado, 5 de abril de 2014

Y qué verdad más grande esa de que no sabemos cuánto queremos y necesitamos algo hasta que lo estamos perdiendo.
Siempre he sido una niña feliz, nadie era capaz de negar mi tremenda positividad y mi forma de ver las cosas de la vida con un color especial. En todos mis textos de antes de que todo cambiara en mi vida, no dejaba de mencionar palabras alegres, descripciones de colores vivos, porque así es como me sentía. Pero cómo no ser feliz si todo estaba bien.

Nunca me importó realmente nada en exceso. He llegado a sacar de quicio a amigos, profesores, padres y amores fugaces por mi forma de ignorar todo. Siempre me he sentido inmortal, pero en todos los sentidos. Tenía la certeza de que nada ni nadie podría hacerme daño. 
Pero un año todo cambió, Apareció una palabra en mi vida que desconocía, que me atraviesa por dentro y me parte en dos. Alzheimer.
Me dijeron que comenzarías a olvidar cosas pero te juro que me parecía imposible en alguien que se acordaba de memorizar hasta los más mínimos detalles. Y nunca me perdonaré no haber aprovechado lo suficiente contigo tus últimos meses buenos antes de entrar en esta pesadilla de pleno. Es un sentimiento de culpa que siempre llevaré a cuestas.
Echo de menos llegar a tu casa, sentarme a tu lado y que me contaras como te gustaba despertarte temprano para irte a jugar con tus amigos a las cartas y tomarte esos churros que tanto te gustaban. Echo de menos tener debates contigo acerca de los catalanes y que terminases indignándote. Echo de menos las nocheviejas que siempre comentabas lo guapas que ibamos todas y lo "finas" que somos y debemos seguir siendo. Pero sobre todo, echo de menos ver tus ojos verdes, verte hablar, verte sonréir, verte reír, verte andar, correr, quejarte, agradeciendo algo, regañárme, dándole un beso a la abuela, quejarte de las manías de la abuela... Echo de menos escucharte decir mi nombre. 

Hoy he tenido la suerte de que por una milésima de segundo, sé que te has acordado de mí. Y aunque en una sala de hospital no caben todas las palabras que me gustaría decirte, haber pasado dos horas sujetándote las manos mientras me las apretabas fuerte y a veces acariciabas, es lo mejor que me ha pasado desde hace mucho tiempo.
Sé que me has escuchado rogarte que te mantengas fuerte porque me has apretado la mano suavemente, y abuelo, ojalá pudiera hacer algo.

Te echo de menos.  

Y abuelo, que daría mil vidas por retroceder en el tiempo y haber aprovechado hasta el último segundo de tus recuerdos. Mantente fuerte por mí, que no sé ser sin ti... 


No hay comentarios:

Publicar un comentario