Mi cabeza me cuenta cosas que no me dejan conciliar el sueño.
Me cuenta que lo que se avecina tiene que ser grande, porque espero que de verdad todo esfuerzo tenga recompensa y porque dicen que tras la tormenta viene la calma, y qué gran verdad sabiendo que quién llega es el verano.
Y no, no digo que el verano traiga la calma
(me gusta cuándo las olas se vuelven locas)
si no que se aleja la tormenta.
O por lo menos eso parece.
Lo bueno es que, todos los veranos son especiales por algo. Por qué este iba a ser diferente.
Quiero que este verano marque la diferencia. Decir verano 2014 y querer escribirlo con mayúsculas. Compartirlo con la gente adecuada. Porque hay veranos que me enseñaron a conocerme, a derribar mis límites y conseguir salir de un quirófano haciendo el símbolo de victoria logrando aprender mucho de mí misma y a la vez viví veranos tan mágicos que ciegan cómo los primeros rayos del sol que entran por la persiana de madrugada.
Deben de existir miles de puntos de vista distintos,
pero el mío piensa que no hay nada más mágico que las noches de verano.
Significa sentirte libre,
el olor a mar,
las vans llenándose de arena,
ducharte y que te escueza la piel tras llevar todo el día al sol,
adrenalina,
los baños a las no se cuantas a.m,
la música,
perderse,
encontrarse.
Porque las cosas se ven más claras
con un toque de alcohol en la playa
o con la mezcla de calor y humedad
que te dejan el cuerpo sudado,
sabiendo en ese justo momento
por quién matarías por tener al lado.
