No sé que año será, ni qué día, ni si será verano o invierno, pero tampoco quiero saberlo.
Será totalmente inesperado.
Entonces cogeré mi coche y en el asiento de mi lado tendré a la persona que haya conseguido que yo comparta ese sueño con ella, alguien que habrá conseguido destruir todos mis muros uno a uno.
Y aceleraré, mirando cómo los paneles de la carretera me informan que cada vez dejo todo más lejos. En el coche sonando un CD con canciones que aún no conozco, pero que estoy segura que estarán a la altura del momento. Me imagino metiendo quinta y mientras, ella cogiéndome la mano por sorpresa. Y bueno, un volante también se puede sujetar con una sola mano durante todo el viaje.
Y para empezar, no hay plan.
Podemos perdernos por cualquier bosque y correr, hasta que nos cansemos y nos tiremos al suelo sin importar que nos ensuciemos, después guerra de cosquillas desde tu cuello a tu barriga, dejarte ganar y ver cómo te quedas dormida. No saber en qué kilómetro nos encontramos ni dónde acabaremos, pero disfrutemos del viaje.
Si nos apetece cenaremos en algún restaurante, reservaremos a dos nombres falsos y saldremos sin pagar. Sólo tenemos la preocupación de no tener que preocuparnos de nada. Hoy el mundo es nuestro.
Podemos alquilar una moto y seguir haciendo kilómetros, hoy el mundo es tuyo, hoy el mundo es mío pero agárrate bien a mis caderas y que ninguna pase frío.
Acabaremos en alguna ciudad, que quizás sea Barcelona, París o Roma. (Por lo que dicen de que todos los caminos llevan a Roma) y podemos hacerlo, haciéndole honor al nombre al revés.
Y entonces acabaré perdida en un aeropuerto y cogeremos el primer vuelo. Y aunque tiemble en el despegue cerraré los ojos sabiendo que, habré cumplido un sueño.
Disfruten de su vuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario