Hay días en los que te sientes fuerte, sabes qué y cómo hacer las cosas. Otros, te das cuenta de que todo está patas arriba, desordenado. Ese desorden que sólo permito en mi cuarto y que no soporto en mi vida. Días en los que necesito sacarlo todo, todo lo que duele. Nunca he sido de dejarme ayudar, porque nunca me oirás sacar lo que me quema por dentro, al menos nunca del todo, a quién le confío mi dolor le estoy confiando mi vida y creo que es correr riesgos. Puedo gritar todo lo que quiera en un papel, quejarme, enfadarme, confesar lo que siempre está guardado dentro y que a veces pide un poco de aire. No ha pasado ni un mes y me siento cómo si hubieran pasado años, cómo si ya nada fuese lo mismo. Hay algo que ha cambiado en mis mañanas, días y noches. Tengo demasiadas preguntas que nadie sabe contestar, cuido bien tus recuerdos e intento no acordarme de todos a la vez, para que nunca se acaben. Tengo miedo, mucho. Cada día que pasa siento que ha sido verdad todo. Que no estás. Aún no he tenido el valor de pasar por tu puerta porque sé que te buscaría en cada rincón de la casa, que me perdería aún más y que sólo me encontraría en las fotos en las que sonrío de tu mesita de noche. Sabes, la gente no nota ni se imagina el dolor que llevo a cuestas. Día a día hago el esfuerzo de fingir que consigo dormir, que no me levanto y me siento en un precipicio en ese segundo en el que me acuerdo de todo y me atraviesa, diariamente hago como si todo estuviese bien, bromeo, canto, bailo.. No soportaría mostrar mi dolor y que me abracen, que me confirmen que lo que ha pasado es cierto. Aunque a veces te juro que necesito tanto un abrazo y cuánto daño me hago a mi misma mostrando lo contrario... Por eso te escribo hoy abuelo, he perdido la cuenta ya de las veces que lo he hecho, porque necesito tu ayuda, me siento perdida en todos los sentidos y necesito que me guíes, necesito no confundirme en mis decisiones, necesito encontrar un camino. Necesito que me acompañes, que no me dejes sola porque te siento tan lejos pero a la vez tengo la sensación de que cualquier día vamos a volver a tu restaurante favorito y que vas a venir tan elegante cómo siempre. El dolor es compartido, si de algo me ha servido esto es para conocer algo que ya sabía. Lo querido que eres por mucha gente y el vacío que nos has dejado. Tendrías que escuchar a la abuela. Curiosa es su misma respuesta a la misma pregunta de siempre. ¿Cómo estás? Demasiados recuerdos.. Estés dónde estés, sé que ya no olvidas nada, que llevas todos esos recuerdos contigo y por eso nosotros no dejamos de recordar(te). Te voy a dedicar todas mis victorias y todas las veces que consiga levantarme, haré que estés orgulloso de mí. Te echamos de menos por aquí, cuídame por favor, ayúdame a encontrarme. TE QUIERO.
sábado, 5 de abril de 2014
Y qué verdad más grande esa de que no sabemos cuánto queremos y necesitamos algo hasta que lo estamos perdiendo. Siempre he sido una niña feliz, nadie era capaz de negar mi tremenda positividad y mi forma de ver las cosas de la vida con un color especial. En todos mis textos de antes de que todo cambiara en mi vida, no dejaba de mencionar palabras alegres, descripciones de colores vivos, porque así es como me sentía. Pero cómo no ser feliz si todo estaba bien. Nunca me importó realmente nada en exceso. He llegado a sacar de quicio a amigos, profesores, padres y amores fugaces por mi forma de ignorar todo. Siempre me he sentido inmortal, pero en todos los sentidos. Tenía la certeza de que nada ni nadie podría hacerme daño. Pero un año todo cambió, Apareció una palabra en mi vida que desconocía, que me atraviesa por dentro y me parte en dos. Alzheimer. Me dijeron que comenzarías a olvidar cosas pero te juro que me parecía imposible en alguien que se acordaba de memorizar hasta los más mínimos detalles. Y nunca me perdonaré no haber aprovechado lo suficiente contigo tus últimos meses buenos antes de entrar en esta pesadilla de pleno. Es un sentimiento de culpa que siempre llevaré a cuestas. Echo de menos llegar a tu casa, sentarme a tu lado y que me contaras como te gustaba despertarte temprano para irte a jugar con tus amigos a las cartas y tomarte esos churros que tanto te gustaban. Echo de menos tener debates contigo acerca de los catalanes y que terminases indignándote. Echo de menos las nocheviejas que siempre comentabas lo guapas que ibamos todas y lo "finas" que somos y debemos seguir siendo. Pero sobre todo, echo de menos ver tus ojos verdes, verte hablar, verte sonréir, verte reír, verte andar, correr, quejarte, agradeciendo algo, regañárme, dándole un beso a la abuela, quejarte de las manías de la abuela... Echo de menos escucharte decir mi nombre. Hoy he tenido la suerte de que por una milésima de segundo, sé que te has acordado de mí. Y aunque en una sala de hospital no caben todas las palabras que me gustaría decirte, haber pasado dos horas sujetándote las manos mientras me las apretabas fuerte y a veces acariciabas, es lo mejor que me ha pasado desde hace mucho tiempo. Sé que me has escuchado rogarte que te mantengas fuerte porque me has apretado la mano suavemente, y abuelo, ojalá pudiera hacer algo. Te echo de menos. Y abuelo, que daría mil vidas por retroceder en el tiempo y haber aprovechado hasta el último segundo de tus recuerdos. Mantente fuerte por mí, que no sé ser sin ti...