jueves, 6 de julio de 2017

Lloviendo, otra vez.

Casi ni recuerdo cuándo fue la última vez que me puse frente a una hoja en blanco para desahogarme. O puede que no quiera recordarlo.
Si algo me caracteriza es la pasión por los extremos. Extremos por escribir euforia en las nubes y por escribir tristeza por los suelos.
Lo peor, saber que han sido muchos menos poemas felices, que no sabrían igualar a los tristes.
Y no, no soy una persona triste, negativa o pesimista. Casi que me considero todo lo contrario. Feliz, a ratos. Como todos.
Pero en momentos buenos no escribo. Suelo saborear todo lo que incluye saber vivir, valorar, saber sentir, memorando mi película favorita, Amelie.
Pero a veces me pierdo. Y me busco. Y me desgasto con preguntas cuyas respuestas no sé dónde las he dejado.
Ojalá volver a tener el coraje y las ganas que tuve a mis 16. Bueno, ganas muchas, coraje a medias. Me quedaron cosas por hacer, cosas por decir.
Justo como ahora, 5 años después.
Puede que no haya cambiado tanto.
Aquí me ves,
llorando otra vez,
como una niña de dieciséis
con el corazón roto
por primera vez.

Y no soy tan diferente, 
sigo soñando con lo mismo.
Con la misma sensación perenne,
eterna,
como para algunos la vida,
como para mí tus recuerdos.

Te sorprendería saber que cada vez que llueve por dentro,
me salva recordar todo tu fuego. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario