miércoles, 25 de septiembre de 2013

National anthem.



La temperatura de aquella noche era soportable. La arena fría de la playa se colaba por los bolsillos de mis pantalones, el olor a agua salada y el sonido tranquilizador de las olas del mar hacían agradable estar allí de madrugada. 


-Venga, va, dime una canción que poner.

-Pon a Lana del Rey con National Anthem, que me encanta una parte de esa canción.

Creo que no pude decir mejor canción que acompañase al ambiente de aquella noche. Yo no paraba de darle caladas a cigarros que se consumían demasiado rápido o quizás yo era la que se estaba consumiendo por dentro. Había algo distinto en todo. Te tenía delante y te sentía a kilómetros. 

-Eh, eh, escucha. Es esta parte, no sé por qué pero todas las canciones tienen partes que nos gustan más.

-Vale- y mientras, atenta se pegaba el móvil al oído dejando una cara inexpresiva, estaba cómo en su mundo.- Me gusta, me gusta.- se rió.

La noche se llenó de olor a humo mezclado con su aroma y mis dudas. Mis preguntas a las que sólo el tiempo me dio la respuesta. Aquella noche, dormías a mi lado y seguía sintiéndote lejos, cómo si algo estuviese a punto de cambiar, por eso, ni siquiera pude cerrar los ojos. Y no me equivocaba, las cosas cambiaron y más rápido de lo que pensaba.
¿Y cómo cambian las cosas con los años, eh? El tiempo es capaz de curar y enseñar mucho. También deja ver con claridad cosas que antes no veías ni entendías. Y en parte, lo agradeces. Ya no te sientes cómo esa niña débil, bueno, ni siquiera te sientes una niña. Sientes que has crecido, que has podido con cosas que pensabas que serían cuestas hacia arriba demasiado empinadas y lo mejor es que aprendiste a dejar de vivir dependiendo de cosas que hace tiempo que dejaron de ocurrir. Es decir, has podido con todo, tú. A veces está bien recordar, echar la vista atrás, solamente para ver lo lejos que podemos llegar.






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