Hay que saber aceptar que la vida no es más que una montaña rusa, que hay momentos con subidas tan rápidas que jurarías estar a punto de tocar el cielo y bajadas tan repentinas que sientes que vas a estrellarte.
Como norma general, en momentos de euforia y momentos buenos, nunca te va a faltar gente alrededor. No vas a estar solo en una discoteca, ni en una fiesta, ni en una celebración.
Pero cuándo necesites esa ayuda, no verás más palabras sinceras más allá que las de tu familia. Que a veces siento que no existe esa persona que te coja de la mano y te diga que va a estar ahí. Ni la persona que hasta en el día más duro aparezca y no te suelte.
A veces creo que todo lo que no me importa arriesgar por los demás es todo eso que no recibo de vuelta cuándo soy yo la que necesita una mano.
Las personas buenas sufren hasta que se vuelven malas. Terminas cansándote de tanta decepción y termino sin confiar realmente en nadie.
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